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La comodidad: el fetiche

No nos ☝🙄 curaremos completamente de la necesititis (tener que necesitar algo a fuerza) si no combatimos una idea irracional crucial que podríamos denominar «el fetiche de la comodidad». En la actualidad, más que nunca, tenemos sobre valorado ese bien llamado comodidad.

Pensamos -y ahí está la idea irracional que la comodidad es la principal fuente de felicidad. En muchos casos se trata de una creencia oculta, pero ahí está haciendo su trabajo y volviéndonos neuróticos.

Si le damos demasiada importancia a la comodidad vamos a ser muy infelices. A la comodidad en cualquiera de sus formas: gozar de más tranquilidad, silencio, limpieza, descanso, etc., porque:

1) La comodidad no es tan importante, esto es, no da la felicidad.

2) La comodidad viene y va. Es así, es inevitable.

3) Un exceso de comodidad es incompatible con el disfrute activo de la vida.

En mi vida diaria, suelo poner un símil a mis amigos para explicarles el error del fetiche de la comodidad. Les digo que la comodidad es como el pan de elote.A mí me encanta el pan de elote. Confieso que, por la noche, después de cenar, suelo comerme un pedacito de pan de elote y, muchas veces, me parece un placer fantástico.

Pero no considero que el pan de elote me dé la felicidad, así, en general. Dicho de otro modo, el pan de elote no lo es todo. ¡No tengo la casa llena de pan de elote!

Entonces les pregunto a ustedes:

– Si desapareciera el pan de elote de la faz de la Tierra, ¿te deprimirías por ello?

– No, claro que no -me han respondido muchos de mis amigos.

– Claro, porque sabes que existen miles de alimentos que también saben muy bien. Pues la comodidad tampoco es necesaria.

Existen otras fuentes de gratificación 🙏. Y es que, incluso, como sucede con el pan de elote, demasiada comodidad causa empachos, no es buena. En ese sentido, les digo:

– Si te hicieran la propuesta de estar el resto de tu vida sentado en un magnífico sillón con la temperatura siempre más adecuada, sin ruido, con todas las comodidades (xbox, cpu, comida de lo mejor, masaje en tus pies etc), sin moverte de ahí…, ¿aceptarías?

– No, ¡qué aburrimiento 😴, no crees?. – Claro, porque un poco de comodidad es buena pero no demasiada, como el pan de elote.

Y para rematar la explicación, suelo contar mi experiencia con la calistenia. A mí me encanta practicar la calistenia y los gimnásticos. Se trata de una de mis aficiones favoritas y de la cual soy coach. No hay nada como hacer una buena rutina diaria disfrutando de este gran deporte. Entonces esto es:

– ¿Dirías que esta afición que tengo es «cómoda»? – ¡No! Puede ser muy divertida, pero, claro, entrenarse y sufrir (porque en verdad hacer calistenia no es pura felicidad) durante horas y horas… no es precisamente cómodo -me comentan. Y menos si me entreno de 2 a 3 horas diarias.

– Exacto, entrenar no es nada cómodo. ¡Pero me encanta! Al final del entrenamiento, cuando vuelvo a mi casa disfruto de una buena ducha, de una buena cena y una cama. Y eso sí que es gozar de la comodidad. ¡Pero tampoco pudiera entrenar las 24 horas porque ya no me encantaría! Me aburriría.

En estos ejemplos intento expresar las siguientes ideas:

• La comodidad es buena, pero sólo en su justa medida.

• Demasiada comodidad es aburrida y no te permite disfrutar plenamente de la vida.

• Si queremos tener vidas emocionalmente equilibradas e interesantes nos convendría renunciar a una buena parte de comodidad. Todos los días.

• Cuando ya no nos importe tanto la comodidad, estaremos libres de ese fetiche, tendremos menos manías y seremos más libres para disfrutar de la vida.

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